Director de Analítica Web, un cargo con mucha miga

En Twitter no me prodigo mucho, principalmente porque lo he aburrido ya hace. Abrí mi primera cuenta en Twitter en 2008, por indicación de mi amigo y entonces compañero David Martín, y en aquél entonces el micro-blogging me resultaba divertido y tal, lo típico, la novedad. También en aquella época recuerdo haber probado Yammer (puesto que la estabamos evaluando como herramienta de microblogging corporativa).

A lo que iba. Twitter en general me aburre porque hay mucho comemierda, mucho gafa-pasta que va de entendido, mucha vanidad, demasiada lucha de egos, y muchas personas (físicas y jurídicas) perdiendo el tiempo posteando lo que hacen o dejan de hacer sin un objetivo claro, sin foco.

Sin embargo, he de reconocer que hay personas en Twitter que si aportan luz en medio de la jauría de CMs (CM de comemierda, no de Community Manager, !!mal pensao’!!) que deambulan entre timelines y retweets.

Por motivos vocacionales y también profesionales, sigo mucho a Sorprendida  y también a jcasasempere. Y les sigo porque ellos y yo tenemos algo en común. Somos prescriptores de Avinash Kaushik desde hace años

Y también porque, por caminos separados (nunca he hablado con ellos ni los he visto en persona), hemos llegado a una misma conclusión: la analítica web ya no es una ciencia estándar. La analítica web debe medir de manera personalizada aspectos cualitativos de la cadena de valor de cada empresa. Por muy micro-pyme o muy multi que sea, necesita medir cómo interactuan los clientes con la web, con las tarifas, con la info de los productos y servicios, con los formularios, etc… y no las visitas, o las páginas vistas.

En la transición de una web uni-direccional hacia una web más interactiva, es normal que intentemos medir la calidad de dicho diálogo con los clientes. Muchos HiPo’s se obsesionan aún hoy en día con el volumen, las cantidad de visitas, de páginas vista, etc… buscando cerebralmente ganar la batalla de los números. Esta línea de trabajo lleva a pensar sólo en mi web, mis números, etc… sin tener en cuenta cómo ha sido esa experiencia en términos cualitativos, es decir, ¿qué le ha parecido al cliente?

Pero hace tiempo que los que nos dedicamos a esto sabemos que ganar la batalla de los números no necesariamente implica ganar la guerra y conquistar clientes.

La analítica web contemporánea busca constantemente medir con la cabeza, eso siempre, pero sin perder de vista que tambien hay que medir usando los sentimientos, el alma. Los fundamentos son los de siempre (MAR): medir, analizar y reportar. Lo que ha cambiado es el foco, el punto hacia el que fijamos el telescopio. Para ello, es importante medir, analizar, reportar y poder influir en el proceso de decisión de la empresa. Los datos no sirven para nada si no se analizan. Los análisis no sirven para nada si no se reportan. Los reportes no sirven para nada si no se tienen en cuenta en el proceso de decisión. En el panorama tecnológico de hoy, las decisiones en la empresa ya no las toman los directivos, las toman los clientes. Los buenos directivos son aquellos que saben medir aquello que les gusta a sus clientes para seguir mejorándolo e invertir recursos en ello.

Las barreras hacia este tipo de analítica no está en los medios técnicos, ni el software, puesto que hay tecnología de sobra para medir la forma en la que interactuan los clientes con nosotros. La limitación, como casi todo, está en la mentalidad con la que afrontamos el negocio. Mentalmente hay que ser flexible, adaptarse al cambio y estar dispuesto constantemente a desaprender lo aprendido para aprender de nuevo con más experiencia. El diablo sabe más por viejo que por diablo. Lo de ser diabo le ayuda porque no tiene ningún reparo en romper con sus ataduras.

Las guerras se pierden sin cabeza, y se ganan con corazón.

Áreas de aplicación del diseño en las PYMES

Existen tres grandes ámbitos de la acción empresarial en las que se inscriben las actividades de diseño y en las que ha de estar incorporado de forma gradual, considerando las variables estratégicas y recursos de la empresa. Ello deriva incluso en poder hablar de diferentes clases o etapas de diseño en relación a su intervención en las distintas actividades de las empresas:

1.- Diseño industrial o de producto. Se encarga de la resolución de los aspectos formales, constructivos y utilitarios del producto, determinando todas sus características, desde su origen hasta aspectos de marketing que tienen que ver con su puesta en el mercado. En este sentido, la incorporación de esta especialidad supone y requiere de un trabajo interdisciplinar, así como la integración horizontal a la empresa en términos de comunicación entre las disciplinas implicadas. Deben tenerse en cuenta aspectos funcionales, de utilización, uso, fabricación, montaje; aspectos todos de carácter técnico para definir las características estructurales y funcionales que permitirán al producto materializarse y cumplir, con la máxima eficacia y calidad, los objetivos para los que fue ideado. Pero también deben considerarse aspectos de imagen, de significado, puesto que un producto, además de servir para algo, también significa algo, tiene un contenido simbólico que el diseñador ha de saber comunicar a través de las formas, colores, texturas y materiales. Además, el diseño ha de tener en cuenta qué estrategia persigue la empresa con sus productos. Si quiere competir a través del bajo coste del producto, o a través de la diferenciación, o si se dirige a un segmento concreto; en cada caso el diseño será totalmente distinto. Esta es una de las razones de la importancia estratégica del diseño.

a. Bienes industriales. Sirven para la producción, son los bienes que se utilizan para obtener otros bienes. Se subdividen a su vez en: instrumentales como las instalaciones y los aparejos, de consumo como las materias primas y los semi-elaborados o suministro como los embalajes, servicio como almacenes, mantenimiento, adiestramiento. Son caracterizados por la evolución tecnológica basada en la innovación y el desarrollo. El mercado de los bienes industriales está estrechamente relacionado con la búsqueda científico-tecnológica y con la financiación necesaria para su realización, y  está en función de la mejora de su uso en la minimización de pérdidas y la optimización en la relación hombre-máquina.

b. Bienes de consumo. Sirven para la satisfacción de las necesidades humanas. Se subdividen a su vez en: de consumo masivo como los alimentos, los productos para la casa, la ropa, de consumo duradero como los electrodomésticos, la decoración, el automóvil. Los bienes de consumo masivo se caracterizan por su uso inmediato, repetitivo y su gran difusión. La segmentación alta y mediana está en relación a su precio unitario. Los bienes de consumo duradero son bienes instrumentales de uso privado y prolongado, tienen un valor unitario elevado y una reducida frecuencia de adquisición caracterizada por comparativas de calidad-precio y función. EI marketing de los bienes de consumo está en función de la producción y la distribución, estudia la propensión al consumo y utiliza el diseño y el packaging como medios de comunicación inmediata.

c. Servicios. Sirven para facilitar y simplificar la satisfacción de las necesidades. Son bienes de servicio el crédito, los seguros, los transportes, la distribución de agua, luz, gas, el correo, la manutención, etcétera y se pueden subdividir en relación a las categorías anteriores. Pueden ser de naturaleza de consumo o instrumental: la tarjeta de crédito puede ser utilizada sea con objetivos personales-íntimas o para desarrollar actividades laborales. El marketing de los servicios está en función de la empresa y el desarrollo de las personas, estudia el comportamiento humano y planifica la mejora y la eficiencia de los servicios para hacerlos adecuados a las expectativas de uso. En este caso el diseño de los instrumentos que permiten desarrollar el servicio debe tener en cuenta los aspectos organizativos del servicio para poder mejorarlo: un servicio de transporte público en la calle, debe tener en cuenta los recorridos más allá del diseño eficiente de los propios vehículos.

2.- Diseño gráfico

Esta actividad comprende varias funciones que pueden agruparse en diseño de la identidad y diseño de la información.

a. Diseño de la identidad o imagen corporativa, destinado a potenciar los rasgos de identidad de la empresa y a transformarlos en valores de mercado, por la necesidad de identificarse y diferenciarse que tienen las empresas. Es una actividad compleja que ha de tener en cuenta factores relacionados muy directamente con el diseño, como por ejemplo los de tipo simbólico o puramente técnicos de las artes gráficas, juntamente con aspectos referidos a la política de la empresa y el comportamiento de las organizaciones, es decir, en principio ajenos al diseño. El primer paso en este apartado es el diseño de marcas y signos en general. Las marcas tienen distintas motivaciones, pero en principio se desea una rápida identificación visual y una diferenciación de otros productos similares. En otras ocasiones se pretende satisfacer una necesidad de comunicación rápida y eficaz, principalmente en un mundo sobresaturado de ruidos e interferencias visuales. Las marcas utilizadas con fines comerciales se han de diseñar teniendo en cuenta los objetivos y funciones a cumplir. Así, no es lo mismo diseñar una marca para un producto de gran consumo, que para un bien de equipo o para un servicio. Las marcas pueden representarse de varias formas: mediante símbolos, logotipos o monogramas. Los símbolos son elementos pictóricos, figurativos o abstractos; los logotipos, nombres o firmas; y los monogramas, letras relacionadas entre sí. El reconocimiento y el recuerdo no es siempre el mismo: resulta mayor en los logotipos que en las iniciales; los símbolos son las marcas menos memorizables. Las palabras que puedan pronunciarse se recuerdan mejor que los grupos de letras, y los emblemas que utilizan letras son más fácilmente reconocibles que los que utilizan signos abstractos. El diseño de la identidad, en un sentido más amplio, supone el desarrollo de programas de imagen corporativa. El objetivo de un programa corporativo es dar la máxima coherencia a todas las comunicaciones visuales de la empresa, de forma que configuren una única imagen en el receptor. Dado que la imagen de la empresa se forma en la opinión pública a través de muchos estímulos, no únicamente visuales, es fácil entender que para diseñar un programa de imagen se requiera considerar al menos tres elementos fundamentales: primero, que existan una políticas y estrategias en relación a la imagen que se quiere transmitir; segundo, que se le considere a largo plazo; y tercero, que haya una coordinación entre todas las comunicaciones, no únicamente entre las visuales.

b. Diseño de la información y la comunicación, cuya función es crear las mejores condiciones para la identificación y reconocimiento de aspectos tales como: marca, catálogos, anuncios, stands, envase, embalaje, etiquetas y otros elementos auxiliares, sacando al producto del anonimato y reclamando la atención de los receptores que a su vez pueden ser diversos: la opinión pública, los consumidores, los distribuidores, los empleados y los accionistas, por citar sólo algunos. Las actividades a desarrollar pueden ser múltiples: diseño de sistemas de información y señalización; diseño de carteles; diseño de packaging; diseño de elementos promocionales que cubre un largo espectro: desde el material publicitario de un anuncio hasta un catálogo. Si las actividades antes citadas están ligadas al marketing, ésta última lo está aún más. Ajustarse al espíritu de una campaña publicitaria, interpretar su esencia y realizar el material correspondiente exige rapidez, sensibilidad y conocimiento del cliente. Comunicar (dar a conocer el  producto) constituye un paso importante para el afianzamiento de los mercados. Sobre la base de la comunicación está el correcto posicionamiento del producto respecto del mercado y de la utilidad de referencia. La comunicación no es otra que la divulgación de informaciones por “imágenes o palabras” del producto que se quiere presentar al mercado, lo que se realiza a través de la publicidad, la promoción de ventas, la actividad de las relaciones públicas, las exposiciones (las ferias, por ejemplo), el patrocinio y el marketing directo (buzoneo y tele-marketing). Es evidente que la coordinación de los diversos medios de comunicación es fundamental para trasladar a los potenciales consumidores no sólo una imagen coherente y reconocible del producto, sino también lo que la empresa se propone. La comunicación es un factor estratégico fundamental para la empresa. Algunas empresas han cometido el error de separar la comunicación del marketing y de otras actividades, cuando la comunicación es parte integrante del marketing mix y tiene que complementarse con el resto de actividades de la empresa. La publicidad representa el sistema tradicional de comunicación. Con ella se entiende la presentación de un producto, un servicio, una idea, transmitida por un medio bien identificado, por un canal “no personal”, cuyo empleo comporta un coste. Sin embargo es sabido que la imagen empresarial, lo que los demás piensan, está parcialmente influenciada por la política de comunicación, pero lo es mucho más de la totalidad de las acciones de la empresa y de los factores externos, que se escapan a un control directo. Por lo cual es determinante tener presentes los siguientes aspectos inherentes a la comunicación.

3.- Diseño de espacios o entornos

A través de una serie de actividades que conforman el proyecto de espacios físicos interiores y exteriores que en el caso que nos ocupa van desde la organización y equipamiento de establecimientos comerciales, ferias, etc. La creciente importancia de la distribución que ha incrementado el valor y papel desempeñado por el interiorismo abarca aspectos diversos como: diseño de puntos de venta (tienda tipo); colocación del producto; interacción entre espacios y objetos; iluminación del producto; gestión del espacio y de las sensaciones, etc. Dada la importancia decisiva en la elección del canal que permite a las empresas discurrir directamente al consumidor, las grandes empresas operando en mercados claramente globalizados, han apostado por estrategias de identificación inmediata en los puntos de venta, a la fuerte caracterización de los puntos venta, aunque  otras estén orientando su política de diferenciación y personalización del punto venta en función del mercado de referencia. La elección del tipo de cobertura y los canales distributivos está en función de los objetivos estratégicos de la empresa y tienen que ser coherente con los demás elementos del marketing mix.

El alcance del diseño en un contexto empresarial

El diseño ha pasado de ser entendido como una función estética a formar parte integral del proceso conceptual y productivo de muchas empresas. Para identificar su importancia, debemos considerar esta actividad en un contexto empresarial, es decir, en un entorno en qué confluyen una serie de aspectos (productivos, técnicos, de mercado y coste, etc.) que inciden de forma directa en la mejora de la empresa.

El diseño aporta funciones diferenciadoras, optimiza el coste y una correcta interpretación formal y estética del producto en su entorno social y su contexto de trabajo, son aspectos que se deben tener en cuenta para conseguir un producto más eficiente y adaptado a las necesidades del consumidor. Buena parte del éxito de mercado de la empresa, en un futuro inmediato, dependerá de la manera correcta y sistemática en como las organizaciones consideren el diseño como una actividad integrada en el proceso global de innovación.

El diseño como proceso de análisis de problemas, variables, hipótesis, pero a la vez un proceso técnico dado que se vale de una serie de métodos y técnicas para desarrollar su actividad, y no cabe duda que es un proceso creativo al dar soluciones satisfactorias a requerimientos en todo momento restrictivos.

Es decir que si no se entiende este aspecto, difícilmente se puede comprender por qué el diseño puede determinar de forma global todas las características del producto, ya sea un producto industrial o un sistema de soportes gráficos. Estamos definiendo etapas previas e ineludibles a la producción, en las que confluyen gran parte de la experiencia y capacidad estratégica y técnica de la empresa: concepción de los objetivos, de los proyectos referentes a los productos, obtención y procesamiento de la información necesaria para orientar y hacer factible en proyecto, movilización de recursos técnicos, humanos y financieros, concepción y desarrollo del proyecto antes de pasar a la producción. Hablamos de un proceso que prefigura, anticipa la representación del producto deseado, concreta e integra características formales, visuales, técnicas, funcionales, que exigen un asesoramiento de especialistas, perspectiva que desde la empresa debe considerar al diseño como acceso a una capitalización, a una inversión en intangibles.

El diseño de concepto nace como metodología proyectiva introducida en la planificación estratégica, por lo que sintéticamente podríamos definirlo como una fase proyectiva integrada y global, que va más allá del objeto cuestionándose el sentido del nuevo producto. Esto repercute en la pyme introduciendo un nuevo modo de concebir las relaciones y las correspondencias entre los profesionales.

Estas funciones proyectivas abren los límites disciplinares a un campo más amplio de actuación, conscientes de la incidencia estratégica de las elecciones de naturaleza proyectiva. Desde el punto de vista del diseño se trata de asumir mayor responsabilidad. Se induce la necesidad de una nueva relación, más equilibrada y comprensiva con las  diferencias y las similitudes, entre dos funciones (diseño y gestión) destinadas a completarse y complementarse cada vez más en el espacio empresarial.

La gestión del diseño contribuye al desarrollo del diseño de concepto.

1. Lectura de los escenarios. Elaboración de los datos correspondientes a las tendencias generales de los mercados caracterizados por alta innovación tecnológica.
2. Identificación de las tendencias más significativas, relativas al sector en análisis, confrontadas con las tendencias de otros sectores que influyen en segmentos de mercado similares o no.
3. Identificación de conceptos específicos para la empresa y empresas competidoras en la selección de los conceptos emergentes.
4. Control del concepto elegido. Definición del concepto adecuado al contexto, a la empresa, a las empresas competidoras y a las empresas líderes de otros sectores.
5. Comparación de las tecnologías habituales con sectores específicos inherentes a los propios elementos que componen el proyecto global.
6. Selección de los materiales habituales en relación a los utilizados por sectores emergentes de componentes particulares del proyecto. Innovación en sectores específicos.
7. Verificación del concepto en función de las especificidades concretas sobre las propias componentes del proyecto global.
8. Desarrollo del concepto con el auxilio de fuentes externas creativas y de competencias específicas. Análisis de fortalezas del proyectivo con miembros internos y externos a la empresa.

El diseño de concepto define la satisfacción última que el nuevo concepto de producto debe representar. Al definirse el concepto de un nuevo producto se responde a preguntas como:

>¿Quién utilizará el producto?
>¿Qué beneficios básicos debe aportar?
>¿De qué modo se utilizará?
>¿En que momento se usará?
>¿A qué nivel de precio debe situarse?
>¿Con qué categoría genérica de productos debe identificarse?
>¿Qué relación debe tener con otros productos de la empresa?

Es evidente que estas respuestas no corresponden por entero a diseño, ya que son claramente tarea de marketing. Aquí se observa una primera relación necesaria entre diseño y marketing. Pero además, en el diseño de concepto hay que pensar en cómo se distribuirá y almacenará, en el número y variedad de productos que constituirán la gama o línea, en el servicio post–venta y reparación, en la instalación, etc.; consideraciones todas correspondientes al plan de marketing del producto en cuestión.

El diseño como tecnología, al ser entendido como conjunto de conocimientos propios de la disciplina del diseño, donde concurren una serie de habilidades intelectuales e instrumentales que permiten al diseñador convertir problemas y necesidades (ideas y conceptos) en soluciones formales de todo tipo (objetos concretos). Las habilidades intelectuales son consecuencia de la capacidad de combinar el análisis y la creación, detectar y estudiar los elementos constitutivos de un problema, todo ello con la capacidad de dar respuestas formales concretas. Las capacidades instrumentales consisten en el dominio de técnicas que permiten visualizar, representar los productos de forma unitaria y distinguir cada uno de los elementos que la constituyen. Por tanto podemos ver y controlar el producto de forma tangible, evaluar sus factores relevantes y tomar decisiones al respecto.

De la integración multidisciplinar entre marketing y proyecto se logran capacidades operativas que incrementan capacidades como:

1. La gestión de las decisiones proyectivas en relación a la valoración de los costes totales del producto, se obtienen por la suma de los costes de los materiales y del proceso de fabricación. Se trata de un tipo de valoración a calcular conjuntamente con los diseñadores, con el fin de canalizar y rentabilizar los esfuerzos creativos en una dirección económicamente aceptable, para tratar de aprovechar las oportunidades creativas a partir de las primeras decisiones proyectivas.
2. La comprensión y la preservación del concepto en el proyecto durante el proceso de definición ejecutiva del producto. En muchos casos la idea-concepto del proyecto es el punto fuerte, la razón de ser de un nuevo producto, que se traduce en una ventaja competitiva con respecto de la competencia. Del concepto del proyecto se derivan la entidad o la peculiaridad del producto, características amenazadas de ser modificadas durante la fase de ingeniería del producto, frustrando con ello su razón de ser.
3. La valoración de ulteriores desarrollos del producto para ampliar su ciclo de vida. En este caso, cada modificación debería inferirse en base a las premisas iniciales de proyecto con lo que valorar su congruencia en relación a los cambios de las condiciones del mercado, la oportunidad y la coherencia.

A través de una mayor implicación en la esfera del proyecto, el marketing permite reforzar el papel estratégico de la gestión en la relación empresa-mercado. Relación que revalúa las potencialidades estratégicas de la tecnología frente a un mercado cada vez menos previsible y cada vez más competitivo.

El diseño como áreas, al permitir observar claramente como las acciones del mismo son desarrolladas en distintas ámbitos como es el diseño de producto o diseño industrial, el diseño gráfico o de la comunicación, el diseño de espacios tanto efímeros (ferias, exposiciones…) como perdurables (oficinas, puntos de venta…), desarrolladas a su vez por especialistas según las áreas en cuestión: diseñadores técnicos o de ingeniería de producto; diseñadores industriales; diseñadores gráficos; arquitectos e interioristas.

El diseño como servicio, al aplicar sus conocimientos y capacidades a solucionar problemas específicos en diversos entornos. Desde esta óptica con la capacidad de descender al problema particular de cada empresa, situación o cliente. Es decir, el diseño se concibe como una solución a la medida, siendo muy amplio el espectro de demanda y situaciones a afrontar. De la misma manera que en otros ámbitos de la actividad empresarial se ha producido el desplazamiento del interés estratégico del refinamiento formal al servicio del cliente. EI diseño en estos casos ha aprovechado una oportunidad, ya que ha sabido construir un puente con otros factores de la cadena estratégica de cada empresa, como por ejemplo diseñar cada componente en función de la facilidad de montaje   (Ikea)… La concepción del producto está fuertemente influenciada por los cambios de las costumbres y las exigencias del consumidor, por lo que empresa y diseño buscan interpretar, favorecer y proponer.

El diseño como esencia de la estrategia empresarial

Los consumidores o usuarios escogerán de entre toda la oferta existente aquellos productos que para ellos tengan más valor o que crean que tienen más valor.

En general, y ante la enorme proliferación de productos en el entorno social, existe poca capacidad y tiempo suficiente por analizar en profundidad la oferta total, y el comprador elige según la percepción que tiene del producto. Esta percepción viene determinada por el diseño del producto y de la marca. Las antiguas armas para lograr una diferenciación real se han quedado obsoletas. Ya no se puede mantener durante mucho tiempo una ventaja comparativa en los costes o en la tecnología…

La faceta del diseño ya no es una parte opcional de la estrategia empresarial y comercial, sino que debe ser su esencia. La creciente imposibilidad de distinguir entre los productos, junto con la velocidad a que los competidores sacan sus innovaciones ayudará  al ascenso imparable de la marca.

Un buen diseño empieza siempre con un buen concepto de producto. Un concepto es una idea de producto expresada de forma que pueda ser entendida por el consumidor potencial.

Si el diseño es el proceso de pasar de la idea de un producto a un producto tangible, un buen inicio para obtener un buen diseño será la definición previa del concepto de producto.

El producto tangible es un conjunto de atributos en qué se manifiestan las características técnicas, la calidad, el estilo… Pero dentro de este producto tangible también están presentes el envase, el embalaje y la marca.

Si el diseño es, indudablemente, vital para el desarrollo del producto, no es menos cierto que los diseñadores pueden ayudar mucho a la creación de conceptos de productos, en conjunción con los directores de producto.

El concepto de producto se define a partir de los siguientes elementos:
>El público objetivo, a quien va dirigido el producto
>Los beneficios básicos que ofrece el producto
>La forma y el momento de utilización del producto
>El nivel de precio que debe tener el producto
>La identificación del producto con una categoría de producto ya existente
>La identificación y relación del nuevo producto con los otros productos de la empresa en el mercado

El diseño es la herramienta que nos proporciona el conocimiento de estas nuevas necesidades y que se constituye como un proceso creativo, tecnológico y multidisciplinar, orientado a la formación de nuevos modelos o rediseño de otros…

En este proceso intervienen factores culturales, humanísticos, constructivos, por lo que el proyecto será desarrollado por un equipo en el que el diseñador asumirá el papel de coordinador y sintetizador de todo el proceso, solicitando la intervención de los diferentes técnicos y especialistas de los distintos departamentos de la empresa. Es más, el diseño para ser efectivo dentro de la empresa debe integrarse colaborando e influyendo en todos los niveles de decisión del esquema organizativo con:
> Marketing para la definición del “perfil de producto”.
> Oficina de desarrollo o ingeniería para la determinación de materiales, utillajes y métodos productivos más adecuados.
> Área comercial para la definición de la imagen de la empresa, imagen de producto y medios de promoción (publicidad y catálogos).

A causa de la escasa cultura empresarial y de diseño, debemos entender y acordar que hacia las pymes el diseño debe comunicarse y observarse desde una óptica netamente empresarial, pues siempre se ha dado a conocer desde la óptica del diseñador, de la creatividad, la estética…, que si bien constituyen parte del diseño, no deben monopolizar o capitalizar todas las dimensiones del mismo.

De esta forma se lograría arraigar y desarrollar la cultura del proyecto como soporte del mismo, lo que supone intentar observarlo y definirlo desde otro orden de prioridades, a través de un diálogo más fluido y convincente para las propias pymes.

La interdependencia entre el diseño y la empresa

La interdependencia entre diseño y empresa es una evidencia indiscutible: frecuentemente las consideraciones acerca de los elementos positivos o negativos de la planificación empresarial descuidan esta variable y confunden lo útil y lo bello, el gusto y la moda, la economía y la ilusión… La visión actual del diseño no puede prescindir de entornos como el marketing, la economía, el mercado, la publicidad, las relaciones públicas, la comunicación en general…

El diseño no puede existir sólo como puro proyecto sin finalidad consumista; a menos que no intervenga la inevitable conexión con el mundo de la producción y de los medios económico-mercantiles, que son parte de su fundamento.

Antes de los años 50 lo que contaba para la empresa era “vender lo que se producía” cuando frecuentemente la demanda era superior a la oferta; actualmente es necesario estimular la adquisición a través de varios métodos de manipulación del comprador, desarrollando y diferenciando el producto con las sutilezas estilísticas del diseño, la apreciación de los productos y la inmensa aportación de la publicidad; siempre teniendo en cuenta si se trata de grandes, medianas o pequeñas empresas.

¿Qué es el diseño en el ámbito de la empresa?

El diseño no debería considerarse como una actividad puntual o aislada, hacer sólo referencia al aspecto formal del producto… más bien debería considerarse como proceso multidisciplinar, donde intervienen varios especialistas de áreas distintas de la empresa al objeto de planificar e introducir nuevos productos en el mercado. El diseño como proceso está presente e interviene en el marco de la empresa desde las fases de detección de oportunidades y análisis de las necesidades del mercadohasta las fases de comercialización del producto. En este intervalo confluyen campos de actividad tan diversos como marketing, ingeniería, sistemas de información, etc.

En la creación de nuevos productos encontramos dos actividades clave: marketing y diseño. Actualmente es importante identificar las necesidades de los clientes y traducirlas en requerimientos para el producto, dar respuesta a la pregunta estratégica que las empresas se plantean en su proyección en el mercado ¿qué debemos hacer?, ya que la determinación de los aspectos tecnológicos que hacen falta para su desarrollo responden a ¿cómo hacerlo?, han pasado de ser variables estratégicas de primer nivel a un segundo orden. Este objetivo estratégico, estando actualmente presente en la óptica de nuestras pymes, no deja de ser una fase dentro de todo el proceso de desarrollo de la innovación, la que concierne a la ingeniería del producto; actividad que tiene que ver más con la industrialización y con los requerimientos técnicos y funcionales del producto. Por eso, herramientas y metodologías que están justificadas dentro de esta actividad (simulación virtual de producto, tecnologías relacionadas como CAD-CAM-CAE, tecnologías de rapid prototyping…) habitualmente se confunden con diseño.

Aunque el diseño es una actividad reconocida para muchas pymes, también es cierto que hay gran desconocimiento de lo que realmente es y significa, y de lo que puede conseguirse con él. El primer y más frecuente error es confundir diseño con estética. A menudo se habla de diseño como sinónimo de algo bonito o moderno. Los resultados estéticos de un producto son consecuencia de los objetivos buscados en el proceso de diseño y que en muchos casos incluyen otras consideraciones además de las estéticas.

Una segunda confusión habitual es dar al diseño y al diseñador la patente exclusiva de la creatividad. Ésta ha de estar presente, antes del diseño, en la definición del concepto de producto a diseñar y posteriormente en la forma de comercializarlo. Diseño es sinónimo de proyecto, de plan. El diseñador trabaja con planos y maquetas antes de hacer un prototipo, hace anteproyectos y proyectos antes de hacer un producto definitivo y modelo a partir del cual se producirá la serie. El diseño es una actividad creadora que consiste en determinar las propiedades formales de los objetos que se desea producir. Por propiedades formales de los objetos no sólo debe entenderse las características exteriores, sino en especial las relaciones estructurales que hacen de un objeto – o de un sistema de objetos – una unidad coherente, tanto desde el punto de vista del productor como desde el consumidor.

¿Diseño gráfico en La Coruña? Tank, no lo dudes.

La importancia del diseño en la empresa es un tema recurrente en este blog. Ya sea identidad coporativa, diseño web o editorial, cartelería

Hace un año encargué  a Tank un trabajo bastante complejo en el que le pedí que conceptualizaran en imágenes las funcionalidades de un producto de inmótica para hoteles. El resultado fué buenísimo ya que ayudaron a la empresa a comunicar mejor un producto que es difícil de explicar en pocas palabras.

Tank es un estudio de diseño gráfico que opera desde La Coruña. Está formado por un equipo de amplia experiencia en estudios de diseño y agencias de publicidad. Ofrece servicios de diseño gráfico: identidad corporativa, diseño web, diseño editorial, cartelería, arquitectura efímera, etc. Programa y desarrolla webs implementando técnicas de márketing SEO para una mejor indexación en Google. Si quieres sus currículums haz click aquí. Si deseas más información, contacta con Tank.